De todas las cosas con las que soñé de niña, ser mamá es algo que siempre quise, idealizaba tanto ese momento, lo reproducía en mi mente, tantas situaciones y lugares tan perfectos. Debo decir, que nunca hubiera podido imaginar la perfecta situación que protagonizo hoy. Nunca fue mi intención apresurar los papeles del destino, pero así sucedió, en el capitulo número 20 de mi libro llamado vida, apareció en mi vientre un pequeño frejol, técnicamente llamado “Bolsa gestacional” de 5 semanas y 2 días un 31 de marzo del 2008.
Definitivamente, nadie me enseñó cómo reaccionar, ni qué decir pero sorprendentemente sólo sonreí y fue la sonrisa que más recuerdo porque fue una que me durará toda la vida.
Mi barriga creció enormemente, era más panza que cuerpo, me sentía tan ORGULLOSA de llevar a mi primogénito varón en mi vientre, nada me hacía más feliz que eso. Sentirlo moverse, poder hablarle, protegerlo es la experiencia más bella e inolvidable que una mujer puede sentir.
Los meses pasaron, 39 semanas y 4 días para ser exactos lo espere cada día más feliz que el anterior, hasta que lo vi por primera vez y supe que el seria el amor de mi vida, mi razón para continuar, para no caer, para no callar, para ser feliz.
Quiero que disfrute, que aprenda, que se equivoque, que se levante, que luche, que ría, que llore que ame la vida porque es hermosa, siempre lo será,
Yo guiaré sus pasos hasta que el me lo permita y luego simplemente pasaré a ser una espectadora de su camino, sin perderle el rastro por si me necesita.
Para terminar, me confieso enamorada, embobada y eternamente orgullosa de mi recompensa más grande, mi hijo : Fabio




